Friday, September 22, 2006


VIII. WE COULD STEAL TIME, JUST FOR ONE DAY

“Lo hice por una razón totalmente diferente”


A estas alturas de la vida, que la guerra está perdida lo saben hasta los gitanos que baten palmas en el lejano Sacromonte. Himmler ordena a las SS camuflarse entre las tropas regulares y la población civil. Y aquí viene lo raro: Lejos de poner pies en polvorosa, como el resto de la aristocracia de Auschwitz (Mengele, Hoess), Irma se presenta a sus mandos en Ravensbrück y solicita ser destinada a Bergen-Belsen, el agujero final. Más tarde explicó que estaba en relaciones con un hombre de las SS en Auschwitz que había sido enviado allí. Lo cierto es que volvía a casa. Con la familia...

Bergen-Belsen no es Auschwitz. No hay cámaras de gas. No se mata a nadie (o a casi nadie). No hace falta. Se mueren solos... La Arbeitsdienstführerin Grese disfruta sus últimos días de reinado junto a sus amigas Elizabeth Volkenräth y Juana Bormann. Se permite incluso mostrarse extraordinariamente benévola en determinadas ocasiones (estas sí, bien documentadas) y sigue soñando con ser actriz de cine cuando acabe la guerra. La noche del 14 al 15 de Abril, el comandante Josef Kramer negocia la rendición con los británicos. Durante la madrugada, con el campo aún en manos alemanas, el personal de vigilancia dispara, a instancias de Kramer, contra varios prisioneros que intentan escapar.

A primera hora de la mañana llegan los aliados. En la puerta principal, pulcramente uniformado, en posición de firmes, espera el comandante Kramer. Tras el, en formación, el personal que no ha desertado (aproximadamente, la tercera parte). Y, a su lado, glacial, impecable, también en posición de firmes, Irma Grese. Como siempre, pasando desapercibida.

1 Comments:

Anonymous Esther R. said...

Asombrosa la lealtad de Grese con los suyos. Lástima que haya habido una lacra como Kramer que los vendió. El debió ser el único juzgado y fusilado por traición.

11:13 AM  

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